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12 abril 2010

Domingo por la tarde

Para romper las reglas hay que conocerlas.
Y conocerlas es el primer paso.
Creo que empece el camino, sabiendo de antemano el final.
Como esos libros infantiles que van saltando de una página a otra.
En mi caso era un estúpido libro de dinosaurios que nunca acabe.
Ni siquiera sé si tenia algún propósito.
O como el libro de ajedrez que mi madre me regaló cuando yo apenas tenía 6 años
y yo esperaba algo mucho mas acorde a mi edad. A veces me pregunto si me frené,
si volvería a empezar.
Si cambiaría algo .
Y me asusta pensar que la respuesta parece demasiado evidente.

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