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05 junio 2010

Felipe II

El otro día calle abajo,
os vi apoyados en la esquina.
Tumbados y en la sombra.

Waldo comía un bocadillo,
Laura y Eva disimulaban.
Jose María contaba
alguna que otra batalla.

La linea amarilla del asfalto
desapareció hace ya años,
esa que tenia la indicacion
del 30 redondeado.

La cabaña parecía
la que Robin encuentra
en Hook. Llena de polvos,
recuerdos, y olvido.

En la fuente ya no salía
siquiera una gota agua.
De ella solo quedaba
un tubo desgastado y roto.

La luz roja ahora eran
cinco o seis repetidores,
Y el depósito un refugio
marchito de domingueros
y fornicadores.


El Risco, ahora, era
el hogar del jubilado.
Cumbres una persiana,
sin llave, eternamente bajada.

Los Chavero crecieron,
igual que Toni y Eduardo,
nadie supo que fue Raul.
Ni mucho menos de aquella
pecosa pelirroja de Castroviejo.


Todo se quemó.
Todo murió. Igual que el
tiempo.


Recuerdo la señora
de la calle La Luna,
apenas tendría yo 7 años,
y lloro desconsolada,
porque iba a morir.

...

Y en algun momento
todo lo que a partir de aqui
habia escrito,
mi ordenador decidio no guardarlo,

tal vez sea asi mejor.

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