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15 agosto 2010

Próxima parada

Las pequeñas de rodillas,
miraban mas allá de las ventana.
Y el tren crujía,
como si transportara ganado.


Una prematura pareja,
coqueteaba como podía
en los ultimos coleteos
del verano.

Madre e hija compartían música y crucigrama.
Y un anciano de impolutos mocasines,
estiraba su brazo mas alla
del espacio permitido.


Siempre lo he pensado,
"el metro es un reflejo del alma"
Es un espejo de discoteca,
a las seis de la mañana.

Nadie puede esconderse,
nada puede negarse.

Aquel verano del 2010
fue un viaje de metro constante.
Una vuelta a la realidad
dolorosa, implacable.


Llegando a la siguiente parada,
levante de nuevo la mirada,
la pareja apenas coqueteaba.


La madre ahora apenas miraba
de reojo a su hija,
que abarcaba ya músca y crucigrama.

Las dos pequeñas que estaban de rodillas,
escrutando mas alla de la ventana,
ahora permanecian sentadas y calladas.

Los impolutos mocasines,
ahora solo eran el final
de dos piernas inquietas,
que disimulaban su temblor cruzadas.


La vida es un vagon de metro
que no me daba ninguna esperanza.
Y así, llegue triste a la estacion
en que bajaba.

Escaleras mecanicas arriba,
rumbo de nuevo a mi calurosa y fria casa
pegué un ultimo vistazo al vagon,
que se palidecía y marchitaba.

La timida pareja,
la del coqueteo vago ingenuo y tan poco sutil.
Ahora con fuerzas se besaba y se abrazaba.

Y a veces te das cuenta,
que todo encaja, que la voluntad
de perderse es propia y a veces
basta para conseguir lo imposible.

Un poquito de felicidad prestada.

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