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19 septiembre 2010

Capítulo 1- Thays

De los pocos recuerdos amargamente tristes que tengo de mi vida, sin duda el que mas me marcó ocurrió una mañana de Marzo.

De madrugada, yo dormía, mi mama me despertó, un incidente grave salía por la televisión y yo debia verlo. Mi mama estaba a punto de llorar, yo lo notaba.

Nuestra subsistencia era bastante precaria. El poco dinero que teniamos era del trabajo que mi mama tenia en una peluqueria que regentaba una buena amiga suya, cuyo marido tuvo la suerte de ganar una loteria años atrás. Todo lo que ganaron con la bonoloto, lo invirtieron en la casa y en aquella peluquería. No vivian como reyes, pero iban tirando. A nosotros nos costaba algo más.
En esas andabamos, mama trabajaba cerca de casa, con gente de confianza, ganaba su sueldo dignamente y yo intentaba gastar lo menos posible y ayudar en casa.
El resto del dinero nos lo mandaba el hermano de mi madre, mi tio Joaquin que vivia en España.
Consuelo , ese es el nombre de mi madre, y Joaquin siempre habian sido como uña y carne, tal vez se debiera a que fueran mellizos, nunca habian tenido una discusión .O al menos es lo que ella me habia contado,ya que yo nunca conocí al tio Joaquin en persona ,sólo por teléfono.
Cuando era mas pequeña , solía llamar cada dos semanas, siempre en Lunes que era el dia que mi tio Joaquin cerraba el restaurante.
Mi tio Joaquin, debido a la tremenda crisis que azotaba Argentina por aquellos años se vio resignado a tener que coger toda la plata que tenia y partir para España. No estaba casado ni tenia hijos , su unica familia cercana eramos mi mama y yo.


Una vez en España, después de mucho esfuerzo y trabajos diversos consiguió abrir un pequeño restaurante en la calle Gaztambide de Madrid, que yo recordaba de memoria por que me hacia mucha gracia el nombre de aquella calle. El nombre del restaurante siempre me habia parecido precioso, Rayuela.
Tuvo suerte, y no le fue mal , conoció a una pequeña comunidad de argentinos que tambien residian en España, se ayudaban unos a otros. En realidad Rayuela era de varios propietarios, pero mi tio era el que mas pasion volcaba en ella. O al menos eso es lo que decia mi mama. Yo siempre la creia ciegamente, nunca dudaba de su palabra.

Aquella madrugada de Marzo fue sin lugar a duda la mas triste mi mama, y una de las mas tristes de la mia y la que más marcaría mi vida.


Era 11 de marzo y nosotros viviamos en el numero 3 de la calle 11 en Lomas de Zamora, una zona residencial muy cercana a Capital Federal.
Mi mamá siempre había odiado las coincidencias y aquel 11 del 3 nunca volvería ser lo mismo.
Había habido un atentado en unos trenes en Madrid, yo no entendia bien que pasaba, al parecer unos terroristas atentaron contra España por su implicación en la guerra de Irak, pero mi tio Joaquin no era de iraq, ni tan siquiera era madrileño o español. El tan solo vivía a 20 kilometros de Madrid, en un piso que podía pagar y se dirigia a Rayuela, su restaurante soñado, donde ponia sus esperanzas y sueños para poder seguir viviendo y ayudando a su hermana al otro lado del charco.

Ese día, mi tio que no disponia de auto, cogio el tren como solia hacer a menudo, aunque aquella mañana fue mas madrugador que de normal, quería arreglar unos asuntos en el banco y luego comprarse unos zapatos nuevos que habia visto de rebajas.
Mi tio era un hombre sencillo, que disfrutaba de las pequeñas cosas.


Nadie llamo por telefóno , la noche aun era profunda en Buenos Aires, pero mi madre ya lloraba desconsoladamente, algo le decia que en aquel tren viajaba su hermano.
Siempre se ha dicho que los gemelos tienen un sexto sentido entre ellos, yo creo que igual pasaba con mama y tio Joaquin, al fin y al cabo eran mellizos.
A mi mama aquella noche le faltaba una mitad que le dolia en el alma y no bastaba ninguna confirmacion para saber que su hermano , su mitad, le habia faltado.
Yo no dije nada durante toda la noche, ella tampoco, solo lloraba y me cogia fuerte la mano , mi mano derecha y su mano izquierda, las dos sentadas en nuestro pequeño sofa, frente al televisor. Ninguna luz mas alumbraba la salita, ella lloraba y yo lo intentaba, no queria estar impasible ante aquella situación pero la verdad es que solo sentia impotencia. Me sentia mal por no tener la necesidad de llorar. En realidad me senti la peor persona del mundo, pero aun no era consciente de la gravedad de la situación ni de que estaría pensando mi madre en aquel momento.
Fue la noche mas larga de mi vida.


Al día siguiente cuando se confirmó la noticia, mi madre salió de casa, me dijo que no me preocupara, me dio un beso y se marchó.
Tenia el rostro serio, pero ya no lloraba, ochos horas ya habían sido suficientes.
Admiro la fortaleza de mi madre. El término mamá se quedaba corto.
Años mas tarde supé que estuvo haciendo esa tarde , al menos algunas de las cosas que hizo.
Una de ella es que fue hasta la Chacarita, a más de 30 kilometros de casa, donde dejo un flor preciosa y una nota en la tumba de sus padres.

“Sé que Joaquin ahora estará con Dios porque siempre fue buena persona, se habrá reunido con vosotros y ahora estará contando os mil historias, estoy convencida de ello, cuidar de mi hija y de mi desde allá arriba , darle un abrazo tremendo a Joaquín de su hermana, que le honrara siempre y siempre le recordara, igual que a vosotros, mil besos de vuestra yeya”

Yeya, asi le llamaban mis abuelos a mi madre. Y así se quiso despedir momentáneamente de los suyos.
Mi madre, cristiana católica y practicante ocasional, era creyente sobre todo de la
Virgen de Luján. A lo que no había tenido ocasión de visitar, pero era algo que sin duda tenia pendiente.

Ella le llamaba Nuestra Señora, y a mi cuando era pequeña me daba miedo cuando lo decia, pero luego he aprendido que la fe en realidad es un arma muy poderosa para poder seguir adelante y superar todas las dificultades de la vida. La fe de mi madre en “Nuestra Señora” era una de las razones por la que era y es tan fuerte. No me cabe ninguna duda.
La historia, según me contó ella y yo recuerdo, era así:

-Hace ya muchos años, un comerciante que venia de Brasil – comenzó mi madre con voz suave…
-¿Eso es donde vive tía Raquel?- Interrumpí yo sin darme cuenta de lo importante que era para ella su relato.
-Sí, donde vive tía Raquel- contestó con paciencia.
-Con su carro cargado de cosas- prosiguió mi madre- llego hasta un lugar llamado Luján no muy lejos de aquí, en una hora en auto,en el cual decidieron pasar la noche.

Yo la miraba con los ojos muy abiertos , y supongo que con las pupilas igual de abiertas.Estabamos las dos en mi cuarto, la unica luz que habia era la de las farolas de la calle que se filtraba a traves de aquellos agujeros que quedaban en las persianas a medio cerrar.Yo metida en la cama y ella sentada comodamente arropandome mientras hablaba.

-¿Y que más mamá? –Dije, escuchando aquello como si fuera un cuento y nada real.
-Al dia siguiente al ir a partir se dieron cuenta que el carro a pesar de estar tirado por dos bueyes muy grandes y muy fuertes no se movía.
El comerciante saco muchas cosas, para aligerar peso, pero no ocurria nada ,no se conseguia mover.
Intrigado,al fin saco dos pequeñas imágenes de la virgen que habia encargado en Brasil y vio como el carro se movio.
Cayo enseguida en la cuenta que aquellas imágenes debian permanecer alli.En Luján.

-Es una historia preciosa.-Dije sinceramente.
-Pues fue lo que ocurrió yeyita. Ahora duerme y sueña mi pequeña princesa.

Me dio un beso en la frente, dejo la puerta entre abierta y se marchó. Lo ultimo que oí, fue la de su cuarto cerrandose, y pocos segundos después un murmullo de agua que caia. Iba a ducharse antes de dormir.

Yo mientras, en mi habitación, me quede mirando al techo pensando en el porque aquellas pequeñas estampillas habrian elegido a Lujan como su Lugar para permanecer siempre.
Tal vez cada persona tenga un pequeño lugar donde permanecer, tal vez todos estemos predestinados a tener un rincón que sea nuestro y de nadie mas.
A aquella virgen siempre se la recordara como la de Lujan. ¿Tendré yo un lugar que me defina y que me haga quedarme por muy fuerte que sea el buey?
Con ese ultimo pensamiento cerre los ojos y me dormi, sólo con un rumor de agua sonando al fondo de pasillo y esa tenue luz de farolas que se abrian paso por los agujeros de mi persiana.

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