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15 octubre 2010



En el puerto de Amsterdam hay marineros
que cantan los sueños que los atormentan.
A la altura de Amsterdam.

En el puerto de Amsterdam hay marineros que duermen
como oriflamas en sombrías riberas.

En el puerto de Amsterdam hay Marineros que mueren
llenos de cervezas y de dramas
con las pimeras luces.

Pero en el puerto de Amsterdam hay marineros
que nacen en el calor espeso
de las languideces oceánicas.

En el puerto de Amsterdam hay marineros
que comen en manteles demasiado blancos.
Pescados Brillantes.


Os enseñan unos dientes para comerse la fortuna,
para menguar la Luna,
para jalarse obenques,
y eso huele a Bacalao
hasta en las patatas fritas
que sus gruesas manos invitan a repetir más.
Después se levantan riendo con un ruido de tempestad, vuelven a cerrar sus braguetas y salen eructando.

En el puerto de Amsterdam hay marineros
que bailan frotándose la barriga
contra la barriga de las mujeres,
y giran y bailan como soles escupidos
en el sonido desgarrado de un acordeón rancio.

Se retuercen el pescuezo para mejor oírse reír
hasta que de repente el acordeón expira.
Entonces el gesto grave.
Entonces la mirada orgullosa recogen su bátavo hasta en plena Luz.

En el puerto de Amsterdam hay marineros que beben
y que beben y vuelven a beber y siguen bebiendo.

Beben a la salud de las Putas de Amsterdam,
de Hamburgo o de otro lugar.

Por último beben por las damas que les dan su cuerpo bonito,
que les dan su virtud por una moneda de oro.
Y cuando han bebido bien levantan las narices se las limpian en las estrellas
y mean como lloro yo sobre las mujeres infieles.

En el Puerto de Amsterdam.

1 comentario:

  1. Yo también tenía miedo, tanto que estuve con una persona para no estar sola, no me gustaba mucho al principio, pero acabé odiándola, a él y a mí por estar con él. Eso junto a que vi a mi ex, me hizo darme cuenta que todos tenemos épocas, y que si una es en solitario no pasa nada, al fin y al cabo, todos acabamos solos.

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