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10 octubre 2010

Esperando a thays p.157

Thays se incorporó con un sudor frío. Chilló mil veces "¡madre!" y corrió por el pasillo desorientada. Pero nadie contestaba , estaba sola, y su visión no fue mas esperanzadora. Aquel lugar de retiro y paz espiritual era cruel a veces. Desde la vasta inmensidad de la Patagonia sintió un dolor en el pecho. El cielo infinito se confundía con una llanura que ciertamente se perdía mas allá de su borrosa vista. Era diminuta. Mucho mas allá de la cosa mas pequeña que pudiera imaginar. Sólo cuando una pequeña isla llegaba a su orilla para salvarla entendía que podía quedar algo de esperanza. Se quedó alli esperando, como una imagen de película, sobre su mecedora, viendo pasar los años y cambiar las estaciones. Sus manos antaño perfectas se tornaron grises como el polvo y su mirada capaz de inspirar en otra época a miles de espectadores impacientes ahora no era capaz ni de inspirarse a si misma. Su tiempo había pasado. Esperando.

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