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09 marzo 2011

ME

Lejos,
lejos,
donde el banjo
sureño se recoge
bajo la mecedora.
Y tus faldas aun te
saben a irlanda.

En tu corazón verde,
de veranos imborrables,
en tus lunares sinceros.

En la luz humilde
que humilla la cama
y enciende nuestros
cuerpos.

Un mundo,
y un compás.
Una lampara
ochentera
que no finge.

El calor de la noche
fría
que resplandece
desde ese balcón
de vista infinita
que mi alma no alcanza,
tan lejos.



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