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26 marzo 2011

No podría,
me paraliza pensarlo,
es algo superior a mi,
tu ya me entiendes.
Recuerdo como me calaba el frío,
en aquella calle de Gante,
tenia los pies helados,
y aquel estúpido tranvía no llegaba.
Aquel matrimonio holandés me rescato,
eran de una ciudad que no recuerdo,
pero si mirara en un mapa la situaría.
Así son las cosas.
No fueron mejor las cosas en aquel zulo,
con paredes de papel y tejido de hospital.
Fue una verdadera experiencia.
Abajo el mundo ruge,
unos quinceañeros juegan a ser heróes.
Y yo ya no lloro, he olvidado como hacerlo,
desde la ultima vez,
no hace mas de una semana.
Estoy vacío de mi.
Estoy vacío de mis recuerdos amargos,
que me llenan inertes y fríos.
Mi gorro de lana de colores esta en
un cajón , y esta triste, yo lo noto.
Sabe que su momento paso de largo.
Y yo lo echo de menos.
Echo de menos aquella miseria fingida.
Y las clases a las 8.45 con el hombre de la barba
blanca.
Era cruel y mezquino, era un tipo chapado
a la vieja usanza,
en una educación vetusta que da miedo.
Pero me hizo fuerte. Me hizo creer en mis posibilidades.
Y yo pasaba de puntillas. Como siempre hago.
Fingiendo con desdén que no me importa cuando
en realidad me consume.
Así son las cosas, repito.
Yo no se hacer otra cosa,
solo se quejarme y mirar.
Se dolerme como lo hago cada día desde aquel
verano del 2002. Nadie puede entenderlo.
Pero ciertas cosas por las que pasé y aun me tocará
pasar hacen de mi vida un tránsito desmedido de sufrimiento.
Pocas cosas me calman. Ese frío por ejemplo. Y aquel matrimonio holandés.
La chica gordita y joven del supermercado.
El indonesio complaciente. El frances de Nord pas du Calais.
La rumana con acento italiano. Aquella chica rubia y delgada frágil y sus dos
amigos sacados de una comedia americana. Que absurdo.

Los examenes en plan médico. Con PMI sobre la mesa.
Y un gran vaso de cocacola. Surrealista.
Y mi madre , como cualquier madre, siempre pendiente de todo,
sufriendo también. Nadie me pide cuentas,
nadie se acuerda de mi.
Nadie. Ni yo tampoco. Me miro en el espejo y no veo nada.
Solo un reflejo que no dice nada.
No puedo mas.
No ahora ni en este momento.
Necesito que ese frio me hiele y me aleje de tanta mentira.
Algo debería pasar. Que alguien me pegara fuerte y dijera ¡Despierta!
Tal vez asi,
tal vez

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