Seguidores

10 abril 2011

DESPUÉS

Las gotas aun caían,
el coche estaba helado
después de aquello.
La noche ya era cerrada,
de invierno.

Musitaba al otro lado
del cristal,
un viejo uniformado
y cascarrabias.

Y tu volabas bajo,
lista para aterrizar.
Mi cabeza quemaba.
Mi pelo y mis entrañas.

Tu venías con los brazos
abiertos,
y yo tenia el corazón
con telarañas.

Me las arrancaste de
cuajo,
sobre mi cuello
ingenuo.
Y me entregue
a aquella moneda
que realmente brillaba.

Amanecimos juntos,
sin sabanas ni tostadas.
Amanecimos deprisa,
apurando los besos.

Me despedí de ti
sin saber que al otro
lado de la puerta,
ya nada pasaba.

Era un mundo nuevo,
el que tu deseabas,
no aquellas canas
grises
que con toda
su fuerza,
te amaban.

No hay comentarios:

Publicar un comentario