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10 octubre 2011

Sint Pieters

Nada tiene que ver Europa con España,
por mas que nos empeñemos,
al menos esta parte,
donde el calor inunda Octubre.

Las estaciones de tren
de perenne frio,
atacan las narices
de las prisas otoñales.

La gente corretea con vicio,
un bullicio infame que sube,
y baja del andén.

Sam pedalea, Emilie,
madrugan similares,
y atacan un arroz a mediodia.

Las calles se empinan
hasta llegar al Plateau,
y allí se quitan los guantes,
respiran, y entran triunfales.

Los estudiantes vitorean
a sus electos, pelean por ser
los mejores.
Beben de noche y corrompen
los miercoles, los martes.
Pero se mantienen intactos
cuando luce el sol.

Son fuertes y extraños,
son frios. Con una mirada
capaz de intrigarte.

Pedal, frio, y sueño.

La nieve no se despide
y es capaz de someter
a los inmortales.

Pedal, frio y sueño
y jadear extenuado
sobre las vias del tranvia
que oxidado los transporta
insomnes.

Inmerso en sus inversiones
y aquella FDTD maldita que
me desvelo tantas noches.

Tanto peso no es bueno,
no lo es.
Recuerdo a Aimi de madrugada,
gritando Fourier Transform
y tecleaba endiablado su teclado,
una mente maravillosa tras
esa visera y esos ojos dotados.

Uno se siente pequeño
cuando viaja,
entiende la nimiedad de sus problemas,
la relatividad del mundo, del amor,
un tren es suficiente terapia para
un duelo infinito que parece anclado
en nuestra alma.

Una tostada en un sitio adecuado,
en Mechernich o Wachendorf,
y los coches alquilados no llegan
hasta la Kapelle.

Sobre Sint Pieters todos
saben de lo que hablo,
alli nadie balbucea,
solo corretean, se exprimen,
se dan, leen el periodico, y
repasan.
Coquetean, hablan, y bajan
justo en la parada sin malestares,
ni excusas.

Todo es perfecto viviendo
deprisa, saboreando el frio.
Lejos del recuerdo,
de la inmudicia rutinaria
de un asfalto español.

1 comentario:

  1. Ahora tengo ganas de mezclarme entre las miles de culturas de Londres, de respirar Paris, de comerme Italia, de perderme en Praga,...
    Y es por tu culpa.

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