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17 diciembre 2011

el cielo
y el ocaso
de mis vicisitudes
angustiosas
de la vaga y triste
melancolia
de los sollozos
mermados
entre liquienes
ampulosos de
arcangeles
caidos.
Caes , y gimes,
retozan tus sabanas
blancas al son
del pueblo que se estremece,
se despierta,
se hiela
en la Iglesia
con otros Dioses.
Se corre,
y sus pies se agrietan,
gritan,
patalean
otros tiempos,
y Diciembres templados.
Y relojes en punto.
Y estaciones de trenes
con bullicios quemados.
Lejos de tus quejas.
De tus compromisos
y examenes.
De tus horas estrictas,
vemos como recogen
los Oscar ahora,
con un plato
en la mesa
y una sonrisa,
en mi mano.

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