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15 junio 2012

El secreto de puente viejo



Esta ahí. A un escaso par de metros de mi. Quizá menos. Hace un tiempo fotografié a su padre en un montaña desde donde aún humean los vestigios de un incendio colindante. Lo vi hace unos días en el periódico. Incluso una amiga de mi madre le llamó a casa preocupada. Pero aquellos pinos donde fotografié a su padre siguen en pie. También en él. Aunque abatido siestea en el sofá de casa. De la casa en la que vivo y pertenece a mis padres. Su hija esta a su lado , callada y atenta. Y rozan cabeza y hombro. Ahogan su dolor en este rincón del que soy testigo. Ahora él duerme, justo en el momento que me mandas un mensajes , y mis padres conducen al sur. Y ella, su hija, sigue callada. Yo lo describo todo, lo sufro escondido. Nadie merece tanta incertidumbre. Nadie merece la angustía de verse abocado a la soledad de una perdida irreparable. Creo en Dios, yo, sí, creo en Dios, pero preferiría no hacerlo, no es justo, no lo es.