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30 noviembre 2012

Se llamaba P.





No sé amar. No sé amar. ¿Donde se ha ido ese sentimiento? No sé amar.

26 noviembre 2012

Los últimos románticos.



A veces basta andar para sentir que el mundo se acaba. Que esos arboles que te flanquean acabaran por derrumbarse, y no importa la nieve ni la crisis mundial. Solo importa una cama, y una ventana empañada.
Como esa escena de Rebelde sin causa, cuando el universo se apaga. Y no pasa nada. Afilamos nuestros cuerpos que se estuvieron esperando. Y las mentiras se quedan en el pasillo. Ese de las luces radioactivas.

No importará morir de frío cuando se alineen los planetas y otros griten en su nombre. El dolor, la masacre televisiva, el destierro, la muerte, la violación, el robo, la intransigencia, la violencia, el despecho, la traición, la mentira, el maltrato, el grito desahogado de un niño, todo se acaba.

Las noches que lloraste acurrucado en el baño, el abrazo en Charles de Gaulle, el viaje a Turquía, el cumpleaños de tu prima Lola, la muerte de tu abuelo. El día que nació Bruno y cuando fuiste su madrina. El día que hiciste el amor apresurada con Claude. El gol de Iniesta, sí, eso también cuenta. Las cervezas en Azahar. La puerta 56. Gabriela y Juanjo. El día que te robaron en la plaza. Marta y Barcelona. El Jamboree. Avila.


Al final de todo, cuando ya no queda nada, te encuentras entonces caminando. Tu sola. Bajo esos robles macizos que te devuelven a casa, y solo un amor verdadero en el corazón. Uno que te acompañe eternamente.


20 noviembre 2012

Miguel



Me llamo Miguel.
Sí. Miguel. Y tengo 27 años.
A los 18 acabé el colegio.
Empecé una carrera,
me la dejé por que era muy facil,
no no es verdad.
Me la dejé porque no me motivaba.
ADE. Sí. Eso hice. Y me lo dejé.
Luego hice otra. Y a las 26 años acabé.
Y ya esta.

En medio follé y me emborraché menos de lo que quise,
pero todo lo que pude.
Me volví frío y cínico. Envejecí a base de cervezas.
Me volví tibio con el ser humano. Esceptico.
Triste. Amargo. Gris. Serio. Encorbado.

Esos ojos verdes ya no están.
Se han apagado.
Se quedaron en algun lugar.
En Valencia tal vez. En alguna cama.
En alguna mentira.

Echo de menos a Pablo,
lo echo muchisimo de menos.
Ir con el al Azahar.
Echo de menos subir al piso 11,
puerta 56.
Ahora ella esta casada.
Van a tener un hijo pronto.


Ahora. Vuelve. Vuelve.
Sobre sus pasos vuelve.
Escriben sus dedos solos.
Como antes lo hacian.
Sí.
Y ya van solos.
Han vuelto.
Ya era hora.

Que se eleven por los aires




He vuelto, estoy aqui, lejos de Edimburgo, pelándome de frío,
escuchando Montreal.

Alguien que esté pensando,
que me he vuelto a enamorar.
Que he perdido pelo y he engordado.
He perdido la razón.


No hay minibar en mi refugio Bretón,
solo una lampara de Ikea y un mueble que supe montar.
Los viajes programados,
los prometidos,
el olvido de Murcia cuando me heló por Skype.

No podemos ganar,
no siempre podemos ganar,
y estoy derrotado sin poder llorar.

Mañana será distinto,
solamente habrá niebla en los 100 metros que me devuelvan
al hogar.
Emborrachar mi muerte, entristecer por el pasillo,
hacerme gris.
Sonreir a un chino que se llame Linglin.
O algo así.

¿Que me ha pasado?
Mira a tu alrededor.
¿A que estas jugando?
¿Dónde esta James Leer?
Nunca existió.
Y ahora, tan lejos de todo.
Entre arboles que no huelen
y arroz sin almidón,
se enfría el té en la Piece commun.
Donde nadie me abraza.
Donde nadie sabe quien soy.
Nadie.