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26 noviembre 2012

Los últimos románticos.



A veces basta andar para sentir que el mundo se acaba. Que esos arboles que te flanquean acabaran por derrumbarse, y no importa la nieve ni la crisis mundial. Solo importa una cama, y una ventana empañada.
Como esa escena de Rebelde sin causa, cuando el universo se apaga. Y no pasa nada. Afilamos nuestros cuerpos que se estuvieron esperando. Y las mentiras se quedan en el pasillo. Ese de las luces radioactivas.

No importará morir de frío cuando se alineen los planetas y otros griten en su nombre. El dolor, la masacre televisiva, el destierro, la muerte, la violación, el robo, la intransigencia, la violencia, el despecho, la traición, la mentira, el maltrato, el grito desahogado de un niño, todo se acaba.

Las noches que lloraste acurrucado en el baño, el abrazo en Charles de Gaulle, el viaje a Turquía, el cumpleaños de tu prima Lola, la muerte de tu abuelo. El día que nació Bruno y cuando fuiste su madrina. El día que hiciste el amor apresurada con Claude. El gol de Iniesta, sí, eso también cuenta. Las cervezas en Azahar. La puerta 56. Gabriela y Juanjo. El día que te robaron en la plaza. Marta y Barcelona. El Jamboree. Avila.


Al final de todo, cuando ya no queda nada, te encuentras entonces caminando. Tu sola. Bajo esos robles macizos que te devuelven a casa, y solo un amor verdadero en el corazón. Uno que te acompañe eternamente.


1 comentario:

  1. ¿Sabes ese efecto que tienen los viajes en tren, que sin darte cuenta te dejan pensando un poco en todo y en nada? así me ha dejado este texto, buf

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