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20 noviembre 2012

Que se eleven por los aires




He vuelto, estoy aqui, lejos de Edimburgo, pelándome de frío,
escuchando Montreal.

Alguien que esté pensando,
que me he vuelto a enamorar.
Que he perdido pelo y he engordado.
He perdido la razón.


No hay minibar en mi refugio Bretón,
solo una lampara de Ikea y un mueble que supe montar.
Los viajes programados,
los prometidos,
el olvido de Murcia cuando me heló por Skype.

No podemos ganar,
no siempre podemos ganar,
y estoy derrotado sin poder llorar.

Mañana será distinto,
solamente habrá niebla en los 100 metros que me devuelvan
al hogar.
Emborrachar mi muerte, entristecer por el pasillo,
hacerme gris.
Sonreir a un chino que se llame Linglin.
O algo así.

¿Que me ha pasado?
Mira a tu alrededor.
¿A que estas jugando?
¿Dónde esta James Leer?
Nunca existió.
Y ahora, tan lejos de todo.
Entre arboles que no huelen
y arroz sin almidón,
se enfría el té en la Piece commun.
Donde nadie me abraza.
Donde nadie sabe quien soy.
Nadie.

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