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07 diciembre 2012

PC-HYPER32

Estoy aqui, sentado, con el suave tintineo de las manecillas del reloj que cuelga a mi espalda. En frente, tres investigaciones tamaño A-1 quiza A-0, no estoy seguro. A la izquierda, dos posters, del mismo festival de Musica pero de años diferentes. 2003 y 2007. Luego un par de escritorios vacios, libros, un ratón parado en el tiempo. Un ordenador rugiendo. El piqueteo de mis dedos sobre el teclado. Y poco mas. Entre espacio y espacio solo hay silencio. Sólo el reloj lo rompe. Constante. Desapacible. Frio. Inquietante. Igual de infinito que el pelo que nunca deja de crecer. Te recuerda la muerte. Si. La muerte. Y la futilidad. Y el rio que mece caudal abajo. Se sostiene. Se perfila. Se hiela al escuchar a los pajaros. Teletransportado solo por su mente. Vuelve a la realidad. Y un escalofrio. Y una luz cegadora. Y nuevamente el silencio. Los parpados empiezan a pasar. Agotados, se rinden. Y por fin duerme. Recostado sobre el suelo. Inerte. Muerto.

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