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20 septiembre 2013

El día del juicio final.



Es cierto eso que dicen que al final el tiempo pone a cada uno en su lugar, aquí estoy yo en mi lugar. Al lugar donde me arrojaron todas mis mentiras y mis mierdas. Aquí estoy olvidado en una esquina marchita donde la música no alcanza a sonar. Aquí estoy yo a meses de distancia de un beso frío en una habitación al otro lado del río Loira. Tu y yo. Los castillos a lo largo de miles de mostos insípidos y unos caballos que relinchaban a lo lejos. Morirte y volver a empezar, cuando todo daba igual. A toda velocidad sudaba sin piedad, reía al fingir que sabía como escapar. Y no importa nada más. Mis manos no temblaban al verte pasar. Tu barba no pinchaba cada rescoldo de mi alma. Tus manos pequeñas no inquirian, no fingían. no miraban con supremacía lo que tus pasos no llegarían nunca a soñar. Podría decirte cosas que nunca creerías. Te desnudaría en aquella calle de casa bajas y tranvías, te haría el amor, te besaría las costillas, el cuello. Recordaría lo que es amar de verdad. Lo que es volver a casa y no querer llorar. Lo que es ser feliz sin buscar motivos en cualquier lugar.

31 mayo 2013

Beaulieu


Sin darme cuenta peino canas. Peino distancias. Peino recuerdos y lagrimas. Peino tus manos en la cama. Para algunas cosas me he hecho mayor. Al menos ese tipo de mayor en el que no me siento reflejado y arrastro como un fantasma que no se va. Es curioso como puedes convertirte en lo que nunca deseaste sin apenas darte cuenta. Es una metamorfosis lenta, que pasa desapercibida, y te va cubriendo anhelando la oportunidad de empujarte al espejo que refleje en lo que te has convertido. Sin darme cuenta peino canas, y son grises como grises tengo el alma por las noches cuando nadie me acompaña. No pedía tanto. Sigo sin hacerlo.

23 marzo 2013

Volver


Como una maldición gitana se desperazaba, se agitaba, se erguía sobre un temor que no había padecido en sus años de vida. Sus lustros, sus sueños, el peso de sus uñas ardiendo en sus dedos. Su barba, sus gestos, y esos pantalones quieto sobre sus tibias. El olor a fuego, a quemado, a mentira matizada, a caduco juego roto, a infame quiebro, a desdén del anhelo de una sábana salpicada de errores.

Algún día tal vez alguien entienda, el dolor de mi ojo izquierdo, el temblor de mis manos, el tambaleo constante, el alcoholismo, la mentira, el porqué. El porqué de tanto daño inmerecido, el porqué de hundirme solo en esta esquina donde nadie recuerda. El porqué de ser un suspiro de un año que no ha existido, un recuerdo imborrable escrito a lápiz una mañana de 1996 con Leonardo en la tarima. A veces desaparecer no es suficiente castigo. Siempre hay un escalón mas abajo. Un vuelta de tuerca más y soportarlo es posible únicamente tiñendo de agria el alma y exigiéndole cada vez menos a una vida a la que perdiste la cara.

22 enero 2013

Tres



Exilios voluntarios que acaban en odio y tragedia. En odio sobre todo y en tragedia forzada. Los barracones abandonados a las fueras de la ciudad, donde cantaban divas gordas y mal maquilladas son parte de un recuerdo borrable.
Aparcar el coche en doble fila para subir y comerte a besos. Cenas a medias y siestas con prisas. Las meriendas en teatros inclinados, olvidados. Los viajes inesperados. El temblor de tus manos. Tus dedos finos. Tus ojos. Lo que queda de una traición imperdonable que no cicatriza.


17 enero 2013

No sé de que manera podrían volverme a arrebatarme todo lo que que considero importante... pero seguro que existe alguna manera.

Lo peor no es no vencer nunca, es perder siempre.