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20 septiembre 2013

El día del juicio final.



Es cierto eso que dicen que al final el tiempo pone a cada uno en su lugar, aquí estoy yo en mi lugar. Al lugar donde me arrojaron todas mis mentiras y mis mierdas. Aquí estoy olvidado en una esquina marchita donde la música no alcanza a sonar. Aquí estoy yo a meses de distancia de un beso frío en una habitación al otro lado del río Loira. Tu y yo. Los castillos a lo largo de miles de mostos insípidos y unos caballos que relinchaban a lo lejos. Morirte y volver a empezar, cuando todo daba igual. A toda velocidad sudaba sin piedad, reía al fingir que sabía como escapar. Y no importa nada más. Mis manos no temblaban al verte pasar. Tu barba no pinchaba cada rescoldo de mi alma. Tus manos pequeñas no inquirian, no fingían. no miraban con supremacía lo que tus pasos no llegarían nunca a soñar. Podría decirte cosas que nunca creerías. Te desnudaría en aquella calle de casa bajas y tranvías, te haría el amor, te besaría las costillas, el cuello. Recordaría lo que es amar de verdad. Lo que es volver a casa y no querer llorar. Lo que es ser feliz sin buscar motivos en cualquier lugar.

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